Entrevistas

14 DE DICIEMBRE DE 2017 | PSICOANÁLISIS

Alba Flesler y el trabajo con niños

Reconocida por su trabajo clínico con niños, Alba Flesler nos brinda sus coordenadas analíticas, su perspectiva del juego y entrevistas a padres.

Por Lic. Carolina Duek
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-¿Cuáles serían las coordenadas de trabajo en las entrevistas a padres?

-Sin duda es una buena idea comenzar por colocar las coordenadas para responder a la pregunta sobre las entrevistas con los padres al atender a un niño ¿Qué lugar darles? Sabemos que el abordaje psicoanalítico fue pensado para el adulto. Por ende, al comenzar a atender a los niños los psicoanalistas debieron replantearse las coordenadas de ese abordaje. Los padres, los juegos y los juguetes fueron algunos de los temas más debatidos en el origen de la práctica con niños y sigue siendo una cuestión controvertida.

Por mi parte, siempre tuve cierta aprehensión a las posiciones bivalentes y dogmáticas pues dieron lugar a posiciones estrictas cuya aplicación técnica dividía las aguas entre lo que se consideraba psicoanálisis y aquello que de ningún modo lo era.
Mi posición partió de afinar los conceptos para delimitarlos y así formalizar aquello que hacemos cuando analizamos sin sacralizar técnicas ni caer en avalar especialidades.

Lejos estoy de pensar en un psicoanálisis hecho para especialistas según la edad de quien consulta. Creo más bien que el sujeto al que se dirige el acto analítico más que edad tiene tiempos y que, al delimitar qué tiempo tiene quien consulta más allá de su edad cronológica, el analista no recurre a técnicas especiales sino a especificidades del acto analítico según el tiempo del sujeto.

Los tiempos del sujeto no son naturales, dependen más bien de operaciones que se efectúan o no en la relación del sujeto con aquel que lo aloja y atiende en los primeros tiempos de su vida. Lacan llamó a esa función el Otro, con mayúscula, para designar más una operación que una persona. Pero a los fines de lo que estamos tratando de cernir, las entrevistas a padres, diré que las operaciones de las que dependen los tiempos del sujeto se realizan entre los padres y el niño. Ellas no son naturales sino contingentes y pueden fallar.

Al recibir a los padre en entrevistas al inicio del análisis de un niño tratamos de delimitar si esas operaciones necesarias para la constitución de la estructura psíquica del sujeto se han realizado en cada tiempo, si han fallado y cuándo, cuáles han sido los tropiezos o detenimientos en la progresión de los tiempos a los que me refiero.

Desde ya, vale aclararlo, la progresión de los tiempos no debe ser pensada como un progreso evolutivo, implica en todo caso que el niño pueda responder con sus trazos subjetivos a lo que le ha sido demandado o propuesto por los padres, y produzca así una diferencia entre el niño esperado y el sujeto que responde. La respuesta siempre implica un trazo diferencial. En la infancia, la dependencia real que el viviente tiene con los cuidados de otro ser humano lo coloca inevitablemente en una situación tal que su respuesta no será independiente de esta relación a los padres.

Por ende las coordenadas iniciales en las entrevistas a los padres deben ubicar qué lugar ocupa para ellos el niño que nos traen. En mis libros “El niño y en análisis y el lugar de los padres” y “El niño en análisis y las intervenciones del analista” decía que en las entrevistas se trata de desplegar “el mapa de los goces” para delimitar ese lugar del niño y también qué vertiente de la transferencia nos permitirá intervenir desde el inicio.

Luego en el curso del análisis las entrevistas tienen otro papel que el analista debe atender para que la dirección de la cura sortee obstáculos y pueda avanzar.

-¿Qué hay en juego en el juego de los niños? ¿Puede ser que la ausencia de juego sea un indicador de alguna patología o dificultad?
-En cuanto al juego diría que el juego no es propio del psicoanálisis, sino que, como la transferencia –nos advierte Freud- es tomado por el psicoanálisis para su implementación. El juego, en realidad, responde a la estructura. Más específicamente, a la estructura del ser viviente. Es evidente que los animales también juegan, pero lo que no pueden hacer cuando juegan es “hacer de”. Ellos no disponen del semblant, por eso no pueden decir como habitualmente dicen los chicos: “dale que era”, invitándonos a subrayar el pretérito imperfecto utilizado como tiempo verbal.
El interés por el juego, manifiesto desde el origen del psicoanálisis de niños, alimentó una polémica que sigue vigente, es actual. Quien más quien menos, todo analista dedica en su producción un capítulo al tema, pero ¿por qué nos interesa el juego a los psicoanalistas?

En primer lugar porque cumple una función diagnóstica. Su interés diagnóstico estriba en que nos permite delimitar los tiempos de sujeto. Cuando recibo a alguien en mi consultorio, más allá de la edad cronológica que tenga, siempre me pregunto qué tiempo tiene. Es constatable que el sujeto, más que edad tiene tiempos. Para dar un solo ejemplo: ¿no encontramos con frecuencia adultos que no establecen neurosis de transferencia? Ellos relevan tiempos del sujeto respecto de la constitución de la transferencia.

Dije anteriormente que los tiempos del sujeto no son evolutivos. Se trata así, de tiempos progresivos. No implican un progreso, en el sentido de la evolución, pero sí una progresión que llamo recreativa. En otras palabras, los tiempos del sujeto son tiempos recreativos. Ustedes se preguntarían, ¿por qué son recreativos, porque son divertidos? No. Son recreativos porque en ellos se recrea una falta y con ella una diferencia. Esto es esencial para plantear tiempos cuya progresión requiere operaciones necesarias, pero de realización contingente. Otro modo de plantearlo es decir que en estas operaciones de recreación se efectúa una diferencia entre el niño y el sujeto. Cada vez que el sujeto responda al Otro, se recreará la diferencia entre ser el niño del Otro y la efectuación del sujeto. En ese sentido, el juego ha de ser tomado como una respuesta del sujeto indicadora de una recreación, de un movimiento producido.

-¿Qué indica pues la ausencia de juego?
-La ausencia de juego indica un atascamiento, una detención en los tiempos del sujeto. De este modo, cuando un niño juega, es posible ubicar los tiempos del sujeto y diagnosticar el atascamiento o los contratiempos en la progresión. Esto es, localizar dónde el sujeto no se ha recreado como respuesta.
En este caso, a partir de allí, surge otra pregunta: ¿qué hacemos los analistas una vez delimitado el tiempo del sujeto y ubicados los contratiempos? ¿Cuáles son las intervenciones del analista? ¿Cómo interviene el analista? En mi libro El niño en análisis y las intervenciones del analista decía que las intervenciones, dichas así en plural, responden a una lógica y las he desplegado para relevar al analista de cualquier posición dogmática. Intenté diferenciar por qué el analista a veces interviene fuera del juego y otras veces dentro de la escena lúdica. Lo cierto es que en todos los casos se trata de promover el juego ya que el juego cumple una función estructurante en la constitución del sujeto. Un niño que no juega revela una falla en la constitución.

-Hay un creciente número de niños derivados a tratamiento, qué está pasando en la infancia, hoy? o qué le está pasando a la infancia? En las escuelas hay muchos niños integrados, con maestras integradoras, necesidad de apoyo escolar, cada día más. ¿A qué cree que se debe?
-Creo que la creciente derivación de niños a tratamiento responde a varias causas, muchas de ellas a la impotencia o desorientación de los adultos para colocarse respecto a los síntomas de los niños. Sin embargo, considero que debemos distinguir la derivación para tratamientos de la derivación para una consulta. Es más que indicado hacerla cuando un niño está sufriendo y los padres y maestros no atinan a encontrar herramientas para hacer algo con eso. Suelo recibir consultas de docentes y de escuelas ante situaciones de violencias y también por problemas de aprendizaje. En todos los casos debemos considerar que la manifestación sintomática en el ámbito escolar no debe reducirse a cuestiones de aprendizaje y que debe indagarse qué ocurre para que se exprese en ese ámbito la dificultad.

Un niño que no aprende es revelador de otra problemática seguramente relativa a qué le pasa al sujeto en su relación a la búsqueda de saber. He trabajado también en mis libros la relación directa que guarda ese tiempo inicial en que un niño comienza a hacer preguntas y lo que ocurrirá luego cuando busque saber en la escolaridad. El apoyo escolar, la integración y los problemas escolares deben colocarse en el contexto de un síntoma que se expresa en un ámbito exogámico más allá del ámbito familiar y debe ser escuchado más allá de la escuela misma.


Alba Flesler es analista Miembro de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, Institución de la que fue presidente en 1995, y donde todos los años dicta su Seminario. Es frecuente colaboradora de la Revista Cuadernos Sigmund Freud, publicación de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Ha sido integrante del Comité de Redacción de la misma. Entre sus obras se encuentran: El Niño en Análisis y el Lugar de los Padres; El Niño en Análisis y las Intervenciones del Analista y Niños en Análisis. Presentaciones Clínicas, todos editados por Editorial Paidós de Argentina. También publicó A Psicanálise de Crianças e o Lugar dos Pais, lanzado en Brasil por Editorial Zahar. Asimismo, en colaboración con otros autores, participó en “Los Discursos y la Cura” (Editorial Acme Agalma); traducido al portugués por Editorial Companhia de Freud, De Poetas, niños y criminalidades. A propósito de Jean Genet (Ediciones del Signo); y Psicopatología de la Vida Amorosa (Editorial UdeMM). Ha impulsado desde su origen, hace 17 años, “El Espacio de los Niños” en el Marco de Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano.

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